¡Piscinas naturales para darte un refrescante baño con tus peques! (segunda entrega)

Hace unas semanas, os hablamos de tres parajes de la Comunidad de Madrid donde es posible darse un chapuzón en un ambiente de plena naturaleza. Si entonces nos centrábamos en el área de Riosequillo (en Buitrago de Lozoya), en Las Presillas (en Rascafría) y en las piscinas de Las Berceas (en Cercedilla), ahora os vamos a recomendar otros dos parajes donde podréis disfrutar de un agradable y refrescante día de baño: el pantano de San Juan, cerca de San Martín de Valdeiglesias y la Charca Verde, en la Pedriza. ¡No os perdáis detalle si queréis pasar un refrescante verano con vuestros peques!

Es cierto que, como decían Los Refrescos en su ochentera canción ‘Aquí no hay playa’, Madrid no tiene salida al mar, pero eso no quiere decir que los madrileños no podamos disfrutar de playas de arena fina al borde del agua. De hecho, precisamente os vamos a hablar de las playas más frecuentadas de nuestra Comunidad: las que se abren a ambos lados del embalse de San Juan.

También os vamos a descubrir otro de los espacios naturales más impresionantes para bañarse en Madrid: La Charca Verde. Un estanque natural de aguas frescas y limpias, lleno de magia y encanto y que os hará pasar un maravilloso día en familia.

El Pantano de San Juan

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A 70 kilómetros de Madrid, muy cerca de San Martín de Valdeiglesias, se encuentra este enorme embalse que tiene aproximadamente 15 kilómetros de playa autorizada para el baño. De hecho, es el único embalse de la Comunidad de Madrid donde está permitido bañarse. Además, en él también se pueden practicar diversos deportes náuticos e incluso cuenta con una zona habilitada para nudistas.

Enclavado entre pinares, el pantano de San Juan es un lugar muy concurrido por turistas y excursionistas que se acercan a la zona en busca de tranquilidad y aire puro. Hay dos zonas del embalse donde es posible disfrutar de un baño, aunque están separadas por una distancia de 10 kilómetros.

Casi en la provincia de Ávila se encuentra el paraje de Virgen de la Nueva, al que se puede llegar por la carretera M-957. La zona de playa, encajonada entre pinos y rocas, ofrece un aspecto salvaje. Se puede optar por tomar un baño o por remar en un kayac, ya que existe un punto de alquiler de estas embarcaciones. En las inmediaciones hay restaurantes con amplias terrazas.

La otra zona de baño está en la ribera opuesta, en las proximidades de Pelayos de la Presa. Los bañistas comparten el agua con yates a motor y barcos de vela, ya que en el mismo lugar hay un embarcadero. Este paraje está bien abastecido de aparcamientos, restaurantes, quioscos y bares.

La Charca Verde

Es un rectángulo de agua casi perfecto que parece esculpido entre rocas blancas y pulimentadas. En una de las esquinas de este cuadrilátero, se descuelga salpicando una alegre cascada. El agua es de color esmeralda, de ahí que esta poza, enclavada entre las rocas de la sierra de la Pedriza, sea popularmente conocida como la Charca Verde, un nombre que no hace justicia a este profundo estanque natural de aguas frescas y limpias. Un lugar mágico y lleno de encanto.

Charca

La Charca Verde es muy conocida entre los excursionistas que frecuentan La Pedriza. Durante todo el año, muchos son los que se acercan hasta aquí desde las diversas sendas que discurren por la zona para contemplar la belleza agreste del paisaje. También constituye un lugar de reposo para los amantes de la escalada, que gustan de trepar por las numerosas paredes verticales que ofrece La Pedriza.

En verano este paraje se convierte en un lugar muy concurrido por bañistas que quieren tomar el sol y refrescarse en las frías aguas del Manzanares. Por eso, es recomendable visitarlo en día laborable y, si se acude en fin de semana, es mejor madrugar para coger buen sitio.

Lo primero que sorprende al llegar a la Charca Verde es el brusco cambio en el paisaje, ya que salimos de un bosque cerrado y frondoso para entrar en una zona montañosa sin vegetación y dominada por las moles de granito características de La Pedriza. El lecho del río está formado por roca pulida y lisa, por efecto de la continua erosión a la que le somete la corriente de agua. El fondo rocoso, unido al reflejo de los rayos del sol, dota a la poza de su característico tono verde esmeralda.

Las rocas de los bordes están tan pulidas por la erosión que son muy resbaladizas así que hay que extremar las precauciones si no se quiere tener una desagradable caída. Sin embargo, el hecho de que la superficie que rodea el estanque sea tan lisa la convierte en un lugar perfecto para tumbarse a tomar el sol. El agua de la poza está muy fría por lo que también es aconsejable meterse en el baño poco a poco.

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